Silva juega con el 'autogol'

Publicado en por Daniel Ramirez

Cuando termine de leer Autogol le va a quedar en la boca el extraño sabor de que  Pepe Calderón Tovar existe y que camina por la ciudad mudo, mudo –literalmente– como quedó en el instante en el que Andrés Escobar metió un gol en su propia portería en el mundial del 94.

Él, un comentarista deportivo regordete al que persigue el calor, fue moldeado por el escritor bogotano Ricardo Silva para ser el protagonista de su nueva novela, en la que da una mirada al error que le costó la vida a Escobar hace ya 15 años, a sus causas y sus efectos.  

Silva, futbolero a morir, hincha resignado de Millonarios e incondicional del Bayern Munich de Alemania, se sumergió, desde el punto de vista creativo, en ese mundo que gira en torno a un balón, echando mano de Pepe, un tipo tan real como todo lo que rodeó la muerte del mítico número 2 de la Selección Colombia.

Sin embargo, el autor no se preocupa por dar con los verdaderos responsables de la muerte de Escobar. De hecho en Autogol es Calderón quien enfila todas sus fuerzas en acabar con el responsable de que perdiera todos los ahorros de su vida y su preciada voz.

Con un singular maridaje entre lo que pasó y lo que pudo haber pasado, el escritor reconstruyó los caldeados ánimos que antecedieron la participación de Colombia en Estados Unidos 94: los rumores de indisciplina de los jugadores de la que se presentaba como la selección llamada a ganar el mundial, los chismes de pasillo que afirmaban que grandes apostadores pagaban a los jugadores para que los partidos quedarán así o asá. 

Un tal Pepe

Es Pepe quien escribe su propia historia –que termina siendo el desenlace de la de Escobar–, siguiendo los consejos de sus médicos y 15 años después de haber pronunciado su última palabra. “Él es una mezcla de todos esos comentaristas, no del nivel de los Tres Tenores, pero que logra tener un grupo de seguidores, una minifanticada”, asegura Silva.

“Esos personajes siempre me han parecido fascinantes, con cariño, no lo digo con ironía. Viven apasionados por su mundo y tienen esa combinación entre poesía mala y sabiduría chimba. Me parece genial que un tipo sea capaz de decir que una tarjeta amarilla es un ‘acrílico hepático’. Ellos hablan del grado de  ‘mañosidad’ de los equipos, o de su ‘saltabilidad’. Es impresionante que digan esas cosas”, agrega.

Y es así como habla el regordete periodista que se mueve con toda veracidad en la concentración de la Selección, que persigue a Maturana, que habla con Escobar, su casi amigo que se convierte en su encarnizado enemigo. Se saluda con el Chonto Herrera, cruza palabras con el Pibe Valderrama, comparte con colegas como Johnson Rojas, reportero del desaparecido noticiero TV Hoy. Todos existen menos él.   

“Fue un trabajo de incrustarlo –dice el autor–  No quería desbarajustar la realidad, sino dejarla como fue. Era crear un mundo periodístico, que fuera lo que fue en ese mundial y en él ‘montar’ a un personaje de ficción. Es como si estuviera jugando con Photoshop. Tenía una foto de verdad y puse al tipo”.

Para darle forma al personaje que tuvo por más de tres años en la cabeza, Silva habló con medio mundo futbolístico colombiano. Periodistas y jugadores se convirtieron en cómplices que le siguieron el juego, ellos con sus anécdotas imaginarias en torno a  Pepe, ayudaron a construirlo, desde su inicios hasta el punto en el que su vida se desmorona y se llena de dolor y ganas de vengarse. “El Pibe y Maturana me lo describieron, sus colegas le inventarios anécdotas. Todo el mundo siguió el juego” explica.

Queremos tanto a Andrés

En el momento de plantearse la estructura de la historia, llena de idas y venidas, cuidadosamente hilvanadas sin dejar rastro, Silva pensó en escribir una trama en el que Escobar no muriera. “Me pareció muy interesante que quedara vivo y llegara a viejo, pero eso no nos hacía recordar del todo que lo mataron”, dice.

Por eso decidió que su destino no cambiara en Autogol, obra en la que le hace un muy atinado retrato fruto de verlos en videos una y otras vez y hablar con sus amigos. No habló con la familia de Escobar, porque, según dice, eso hubiera hecho que cayera en la tentación de hacer un homenaje más directo como una biografía.

“Vi los documentales que se han hecho de él. Es impresionante verlos. es un duelo que no se ha acabado de hacer. Es como cuando uno ve a alguien que se acaba de morir, y uno no puede ver las fotos. Todavía verlo es impresionante”.

Así se metió en la cabeza del jugador, “un tipo con un muy marcado sentido del destino, muy capaz de levantarse de las crisis, porque estaba convencido de que todo le pasaba por algo. Era muy devoto y honorable”, comenta Silva.

“Mientras él hacía el autogol, y todo el mundo decía que era de lo peor o lo pobreteaba, él estaba pensando que todo tuvo que pasar por algo”, añade Silva Romero, quien incluso se le midió a narrar en la novela –de manera masticable– partidos de la Selección como el 5-0 contra Argentina, o los encuentros contra Rumania. E.U. y Suiza, en el mundial. 

“Me gustaría que los familiares tuvieran la novela, porque es un bonito perfil de él. Creo que quedó como era. Quedó como un tipo chévere, mamador de gallo. Chistoso. Su reacciones lo representan bien”, concluye el autor. 

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