Memorias de un ‘biblioburrista’

Publicado en por Daniel Ramirez

La imagen parece sacada del mismísimo Macondo. No es exageración. Y es que a quién se le va ocurrir que en plena revolución tecnológica un hombre y un par de burros cargados de libros recorran zonas rurales contagiando a los lugareños del gusto por la lectura.

“Lo hago porque quiero prender la mecha de la imaginación”, dice Luis Humberto Soriano, el humilde profesor de la vereda La Gloria, Magdalena, quien junto a sus asnos, Alfa y Beto –otro macondianismo–, le cambió la vida a los habitantes de la región. 

Soriano es el creador de lo que oficialmente se conoce como la Biblioteca Rural en Burro, pero que él, su familia y los lectores, llaman simplemente y por puro cariño, Biblioburro. 

“Esto nació de la necesidad docente, de una frustración. Mis estudiantes no hacían las tareas y no porque no quisieran sino porque no tenían los libros que necesitaban”, explica Soriano, a quien la pasión por su trabajo se le sale por los ojos.

La solución, que en Europa es un acontecimiento y que dio hasta para hacer un documental que se estrena esta noche en todos los canales regionales, llegó una mañana cuando el Profe Soriano vio a los dos burros ‘parqueados’ en su casa.

“ ‘Ya viene el profesor a joder, nos tiene todo el día en la escuela y ahora quiere perseguirnos’, dijeron los pelaos cuando me vieron llegar con Alfa y Beto cargados”, recuerda el maestro que cada fin de semana recorre lugares apartados de la zona sur del departamento del Magdalena, como Chivolo, Santo Ángel, Nueva Granada, Ariguaní, El Difícil y Santa Ana, haciendo talleres que tienen el único fin de que los pequeños y sus padres descubran un universo que está a sólo unas páginas de distancia.

La recompensa llegó al otro día. Cuando el profesor pidió las tareas todos los niños, que han sufrido los golpes de la violencia en carne propia, las habían hecho, incluso muchos empezaron a pedir más libros para leer. 

“El proyecto comenzó con 80 títulos que tenía en mi casa. Ahora tengo 3 mil y pico. Se fue creciendo el enano -recuerda- Entendí que el fin ya no era sólo suplir mi necesidad como docente sino que ahora tenía que apoyar a mis compañeros en temas como el inventario de libros y la promoción de la lectura. Empezamos a crear espacios lúdicos a la orilla del estanque, en el camino, en las fincas. Así nació el Biblioburro”.


Alfa, Beto y yo
Soriano sale con el alba para que le alcance el día para llevarle libros a todos los que llevan un semana ilusionándose con una nueva dosis de historias. Se toma un café en su casa y desayuna en el camino. La noche anterior sus pequeños hijos le ayudan a alistar los libros, colores, temperas y mesas que estoicamente llevan Alfa y Beto. El Profe acostumbró el cuerpo a que no le pida agua en el camino y se protege del sol con su sombrero vueltiao. 

En sus trayectos ha perdido varios celulares y un par de gafas, pero no importa, esas cosas juntas no valen tanto como que alguien aprenda algo nuevo, según dice y cuenta que cuando comenzó a llevar la biblioteca a la casa de sus alumnos tenía claro que entre los libros debía ir uno de Rubén Dario, uno con poemas que pusieran a soñar a los niños.

“Cuando le leo a los niños ‘Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar...’ quiero que aprendan a pensar que las estrellas están ahí y que las vean. Que crean que en cualquier momento pueden volar en su imaginación y cortar una, y ponérsela en el pecho”, comenta e infla el pecho de orgullo cuando asegura que todos sus alumnos se saben de memoria el Renacuajo paseador de Rafael Pombo.


Para vivirlo
Soriano, con motivos de sobra, fue declarado por el presidente Álvaro Uribe Colombiano, además se le han dedicado en la Costa Atlántica decenas de reportajes y entrevistas, además su día a día inspiró el documental que patrocinó la Comisión Nacional de Televisión dirigido por Carlos Rendón y que se presentará hoy a las 8:30 p.m. en Señal Institucional, Señal Colombia, y los regionales, Teleantioquia, Telecaribe, Telepacífico, Telecafé, Televisión Regional del Oriente, Canal 13, Canal Capital y Teleislas.

Sin embargo, todo ese reconocimiento no se compara con las satisfacciones que cada día le deja su Biblioburro, del cual ya hay dos sucursales, una de ellas en la Sierra Nevada de Santa Marta. 

Un día por ejemplo, un pequeño le demostró que su interés por despertar la imaginación iba por buen camino, cuando leían El elefante Billy. “Billy es un paquidermo escurridizo, muy ágil. Una tarde un niño me dijo ‘Profe, mi papá va a construir una trampa pa’ coger ese elefante’. 

Imagínate. Me activé en seguida. ‘Esto ya comenzó, se prendió una mechita’, me dije esa vez”, explica Soriano, experto cirujano plástico de libros, que colbón en mano intenta reversar los efectos del uso.

Otra vez fue una señora la que casi le saca las lágrimas. “La mujer de unos 50 años me dijo sorprendidísima ‘y pensé yo que lo más alto en este mundo era la ceiba que está en el arroyo’, cuando vio la Torre Eiffel en un libro. Esas son cosas que sólo se pueden vivir. Esas vainas quedan como una huella”.

“Ahora mismo hay una profesora que fue mi alumna, trabaja en una vereda. Me llena de orgullo saber que tiene una muy bonita lectura y una linda caligrafía. Eso es algo pa’ vivirlo, más que pa’ contarlo”, dice el confeso maestro exigente y regañón, porque “profesor que no es exigente no es profesor”.

¿Qué viene profe? “Quiero terminar la biblioteca. El proyecto se sostiene. Ya esta inscrito en la Red Nacional de Bibliotecas. Quiero sostener mi trabajo, no ser víctima de la burocracia de los caprichos. Los maestros que ganan concursos no quieren estar en el monte. Quieren estar en las ciudades, donde haya internet, discotecas y diversión. A ellos no les interesa dar clase por vocación sino por plata. Ellos son funcionarios y no servidores. Quiero mantener mi trabajo y terminar la biblioteca. Sólo me faltan cinco millones de pesos”.

Publicidad

Etiquetado en Artículos

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post