Moleskine: la vida en una libreta

Publicado en por Daniel Ramirez

Para cientos de miles de personas alrededor del mundo los Moleskine son una manía. Las pequeñas libretas negras, cargadas de historia y misticismo, se convirtieron en un aclamado símbolo de creatividad, en el cual, se dice, han nacido grandes obras de la literatura, la pintura y la publicidad.

A simple vista un Moleskine no parece muy diferente a una libreta común y corriente, sin embargo su diseño y esencia lo hacen distinto.

Se trata de un cuaderno –de 14 por 9 centímetros, en su tamaño más popular, aunque se presenta de muchas otras dimensiones–, con cubierta negra, una banda elástica que lo mantiene cerrado, un lomo que permite abrirlo por completo, un separador y hojas lo suficientemente gruesas para aguantar todo lo que se quiera poner en ellas. Fue pensado para acompañar todo el tiempo a su dueño, de ahí que quepa en cualquier bolsillo.

Pablo Picasso, Emest Hemingway y Vincent Van Gogh, son algunos de los artistas relacionados con los Moleskine. Referencias a estas libretas en sus obras los sitúan en el tope de su creciente lista de célebres usuarios, lo que sin duda ha alimentado un mito que hasta el momento se ha extendido a 58 países.


De vuelta al inicio
Si bien se ha hablado por más de un siglo de personalidades ligadas a los Moleskine, el desaparecido periodista y escritor inglés Burce Chatwin es conocido como su más importante promotor. En los ochenta, Chatwin, autor de obras tan importantes como En la Patagonia, El Virrey de Ouidah y Colina Negrak, habló de su ‘amor’ hacia las libretas negras forradas en tela ‘moleskin’, que fueron producidas durante casi todo el siglo XX por pequeñas fábricas manufactureras francesas. Para ese entonces no tenían nombre y eran vendidas en librerías de barrio.

Chatwin, quien las bautizó, aseguró varias veces que, ante la dificultad de conseguirlas, compraba cuantas podía cada vez que se las topaba en sus viajes. Después de meses de ires y venires encontró en París una pequeña fábrica familiar de las libretas, que lo abasteció durante varios años –se dice que no encargaba menos de cien– hasta que fue cerrada definitivamente en 1986.

Entonces surgieron nuevos y silenciosos fabricantes, hasta que en 1998 la editorial italiana Modo & Modo, tomando como punto de partida las muy detalladas descripciones de Chatwin, revivió la libretas, y convirtió a Moleskine en una marca registrada que se comercializa en más de 17 mil puntos de todo el globo. 

Es tan fuerte el impacto de estas singulares libretas que la revista Forbes, punto de referencia en el mundo de las finanzas, aseguró que la marca produjo más de 210 millones de dólares en el último año. Esas cifras incluyen las ventas en lugares tradicionales como Europa y América, incluyendo Colombia, y otros tan apartados como Singapur y Botswana.

“En nuestro país se encuentra disponible aproximadamente el 90 por ciento del portafolio internacional de la marca, con un éxito rotundo en ventas desde su entrada al país en 2008, y una venta semestral superior a las 6 mil unidades”, asegura Julio César Osma, director de Mercadeo de Inkanta Design Store, tienda que distribuye los cuadernos en Colombia. 


La familia
“Con un Moleksine todos podemos sentirnos creativos”, asegura Marco Beghin, presidente de la marca para América. Es por eso que a las presentaciones tradicionales de la libreta se han unido otras tantas que resultan muy útiles para los compradores. 

Es posible encontrar –desde 26 mil pesos– Moleskines pequeños, medianos y grandes, con hojas en blanco –para dibujantes, diseñadores y arquitectos–, rayadas y cuadriculadas –para escritores y periodistas–, con pentagramas –para músicos–, con papel resistente a las acurelas –para pintores– y hasta tipo agenda para ejecutivos.

En www.moleskine.com es posible ver el catálogo completo, del que hacen parte ediciones especiales de museos y universidades.


Los fanáticos 

Basta entrar en YouTube para encontrar, usando la palabra Moleskine, miles de videos de fanáticos de la libreta, en los que les declaran su amor. Muchos le muestran al mundo las bondades de los cuadernos, otros, ingeniosas soluciones para sumarles un bolsillo para esferos o para personalizarlos, y otros tantos se limitan a mostrarle a millones de cibernautas lo que han hecho con sus páginas. 

Tras la muerte de Chatwin, en 1989, muchos otros artistas se han encargado de promocionar los Moleskine. 

El escritor chileno Luis Sepulveda es gran fanático de ellos, al punto de que en 2004 publicó Moleskine: apuntes y reflexiones, una complicación de ensayos breves que rescató de varias de sus libretas. 

“Me acompaña siempre (el Moleskine) y en sus páginas vierto mis dudas, asombras y broncas de cada día. También en sus páginas pergeño artículos, capítulos de novela, cuentos, recetas de cocina...”, escribió el chileno. 

De la lista también hace parte otro latinoamericano. Se trata del peruano Iván Thays, finalista del premio Anagrama con su novela Un lugar llamado Oreja de Perro. Thays usa las libretas hace años y de hecho su blog dedicado a la literatura, uno de los más populares de la lengua hispana, se titula ‘Moleskine Literario’.

Neil Gaiman, destacado autor de historietas y libros de ciencia ficción, asegura que su Moleskine es una de sus posesiones más preciadas. Tiene, según escribe “El tamaño justo. El peso justo”. 

Además se ha presentado en Londres, New York, París y Berlin, entre otras ciudades, la muestra Detour (Desvío), en la que, a través de un video, reconocidos artistas, arquitectos, directores de cine, diseñadores gráficos, ilustradores y escritores, le muestran al mundo las páginas de sus Moleskines.
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