Vásquez en primer plano

Publicado en por Daniel Ramirez

El fenómeno más importante de las letras colombianas, en los últimos años, se llama Juan Gabriel Vásquez. El bogotano de apenas 36 años, hace mucho ruido no sólo en los estantes de nuestro país, sino que, merecidamente, se abrió campo en el mercado europeo, en el que es considerado toda una figura de las letras latinoamericanas.

 

Tal vez la puntada más exitosa de su obra sea su primera novela Los informantes, publicada en 2004. La historia, traducida a más de una decena de idiomas, le abrió puertas en importantes publicaciones. En 2008 la traducción al inglés del libro, editada por la editorial Bloomsbury –la misma que está detrás de la saga de Harry Potter– fue una de las candidatas al premio de que cada dos años otorga el prestigioso diario The Independent, a la mejor obra de ficción traducida al inglés.

 

Vásquez también es autor de Historia secreta de Costaguana, novela ampliamente elogiada por la crítica, obtuvo el Premio Qwerty al mejor libro de narrativa en castellano (Barcelona) y el Premio Fundación Libros & Letras al mejor libro de ficción.

Hablamos Vásquez del fenómeno británico de Los informantes, de literatura colombiana y de blogs.

 

Los informantes ha hecho mucho ruido en el Reino Unido. ¿Cómo fue el proceso de meterse en ese mercado?

Para mí lo satisfactorio de todo eso fue que esa literatura, la que es en lengua inglesa y en particular algunos autores de Inglaterra, son la gente con la que yo me forma, la que para mí es importante. Yo creo que cualquier escritor de mi generación en Colombia ha empezado con García Márquez, porque está muy a mano y es de una importancia insoslayable. Pero apenas uno empieza a jugar con la idea de volverse escritor, va a buscar otros modelos, porque seguir por la senda de Gabo es lo que uno no debe hacer . Para mí esos modelos estuvieron en Inglaterra. El simple hecho de que mi libro estuviera en esa lengua, que es la que me ha formado y que formó Los informantes, particularmente. Todo lo que pasó ha sido maravilloso. Los comentarios de la crítica, la nominación del libro, todo es muy satisfactorio.

 

Usted ya tiene un lugar propio en una escena literaria tan celosa como la española. Hablemos del proceso de hacerse un espacio ahí.

Yo creo que hay una buena parte de todo que tiene que ver con un reflujo de los procesos literarios. Después del boom hubo un par de décadas en las que interés por la nueva literatura latinoamericana, decayó porque los nuevos autores no iban a darle a los editores y a los lectores lo que ellos querían, que era un ‘Doscientos años de soledad’ o un ‘Trescientos años de soledad’. Eso coincidió con una nueva etapa de la literatura española. En esa época surgieron Marías, Muñoz Molina y Pérez Reverte, entre muchos otros. La península perdió por completo el interés por lo que pasaba en América Latina. A mí me tocó una especie de ‘neutralización’ de ese fenómeno’. Yo llegué en 1999, cuando ya no era necesario hablar de una nueva literatura española, porque ya se había consolidado. Eso contribuyó a que volvieron a mirarnos. Esa fue una de las suertes que tuvo mi generación. Además, otras generaciones anteriores se beneficiaron con esa apertura.

 ¿Es muy distinto el lector europeo al colombiano?

Sí. Por una razón que no tiene nada que ver con la literatura, y es que el lector colombiano llega con una serie de perjuicios al libro, que cualquier otro lector no tiene. Eso cambia la lectura, para bien o para mal, pero hay una diferencia entre la manera que un libro mío es leído aquí o en España. No quiere decir que la lectura de alguien que no sea colombiano sea más pura. Muchas veces añoro las ‘lecturas colombianas’. Por ejemplo. cuando un entrevistador de Francia se refiere a mí como ‘el nuevo exponente del realismo mágico’. Me dan ganas de romper algo.

 En Colombia estamos en una ‘bonanza literaria’ ¿cómo ve el panorama de eso nuevos escritores que se mueven en la escena nacional?

En nuestro país hay mucha gente trabajando y muchos lo hacen con seriedad, y otros lo hacen también con talento. Yo creo que uno no puede esperar de una generación de escritores más que un puñado de buenos libros. Si hay uno o dos, uno se tiene que dar por bien servido. Creo que esta generación va a producir eso. Sin embargo le tengo mucha reticencia a la idea entera de la ‘nueva literatura colombiana’. Me parece que hay muchos autores que decididamente no son colombianos o que decirles así no significa nada. ¿Qué le puede importar a Enrique Serrano, que pone sus novelas en la España medieval, el gentilicio que tiene su pasaporte? Como escritor no le debe importar.

Ahora, el decir ‘nuevo’, es un criterio que no tiene ningún interés porque es simplemente cronológico. Cada cinco años habrá una nueva literatura colombiana. Lo único que importa es que se haga literatura, y muchos autores de esta generación lo están haciendo.

Los escritores se están volcando a los blogs y a las redes sociales. ¿Cómo ve esa movida literaria en internet?

Estoy muy mal puesto para hablar de esto. No tengo blog, no Facebook, ni Twitter. No por fundamentalismos de ningún tipo, sino porque no me interesan y no tengo tiempo. Sólo escribir una columna semanal para prensa en una tortura horrible. Tengo amigos que admiro, como el argentino Marcelo Figueras o el boliviano Edmundo Paz Soldán, que tienen blogs, y yo veo lo que es eso, y siento que no sería capaz de alimentarlo un día de por medio. Eso sería demasiado. No tengo ese tipo de espacio en mi cabeza. En cuanto a la redes sociales, creo que no hay nada más opuesto a mi temperamento que eso. Me parece magnífico que existan y creo que van a cumplir papeles, en la cultura y la política, mucho más interesantes, que buena parte del periodismo convencional. Son mundos extraños para mí.
Soy lector de blogs, y creo que, si bien hay que invertir mucho tiempo, es posible encontrar algunos muy buenos. Me interesan como lector pero no como practicante, como la poesía.

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